Tres días
Tres días llevaba afuera de esa casa, lo vi desde el primer día que llego y se sentó algo esperaba de ese lugar, de pronto caminaba un rato dando vueltas y se volvía a sentar pacientemente, con su pelo enredado y amarillento por andar en la calle.
Era pequeñito con ojos negros y un destello de luz, como una pequeña estrella perdida en la inmensidad de un cielo negro, estuvo sin moverse por tres días lo observe desde mi ventana, ¿que podía tenerlo a la expectativa?, sin comer solo mirando, esperando como quien espera la muerte.
Un día la gente salió de la casa y llevaban una linda perrita, un poco más alta que él, solo la vio caminar, sin tomar un poco de aire por la impresión, se hecho en el piso coloco su cabeza sobre sus patas la miro irse indiferente de él.
Comprendí porque esperaba, sentí lo que él sentía, Salí para solidarizarme con el lleve un platito con comida para que su espera fuera menos dura, el solo me veía de reojo no quitaba la vista por donde se había marchado ella, deje el plato a un lado, entre a mi casa de nuevo lo vi que se movió, olfateo y no probo nada se volvió a acomodar a esperar.
El tercer día impaciente daba vueltas veía por un lado por otro, espero la noche salieron los vecinos de la casa, el se emociono espero un rato más en la banqueta, busco y vio un pequeño hueco en lo alto de la pared, brinco y fallo en su primer intento pero él no se rendiría tan fácil, brinco de nuevo hasta que logro entrar en el hueco, poco a poco se deslizaba solo podía saber lo feliz que estaba por la manera en que agitaba su cola.
Entro no se escuchaba nada, espere unos minutos cuando escuche unos ladridos, y su pequeña cabeza tratando de salir, cayó a la banqueta al tratar de escapar.
Se paro miro por el hueco, mientras ella ladraba un rotundo no, el solo la miro dio la vuelta y se fue marchando en sus patas con la cabeza clavada en el piso.
Se fue al poco tiempo lo vi de nuevo, afuera de una casa un poco más flaco, esperaba echado en la entrada, quien sabe que esperaba esta ocasión pero en sus ojos se adivinaba que ya no esperaba lo mismo.
Emmanuel Santiago J.
lunes, 16 de febrero de 2009
domingo, 8 de febrero de 2009
pa quien lo entiende
Vivir
El estaba sentado en la banca de un parque como desde hace 40 años lo hacía, Genaro desde hace 40 años rutinariamente llegaba a la misma banca, se sentaba con una bolsita de papel en sus manos.
Todo mundo sabía que él estaría en el mismo lugar, estaba en esa banca mientras el tiempo pasaba como las hojas de los arboles pasan levantadas por los vientos del invierno.
Genaro tomaba su bolsa de papel mientras metía su mano y la sacaba para aventar el arroz a las palomas, las cuales ya podía distinguir, este ritual de alguna manera lo hacía sentir vivo desde hace 40 años.
Pero ese día el se paro como lo hacía desde hace 40 años, fue a la tienda compro el arroz y se dirigió al parque, caminaba lento arrastrando ligeramente los pies, llego se sentó metió la mano en la bolsita lanzo el arroz, sonó en el piso, y nada sucedió, tardo en reaccionar, las palomas estaban inmóviles, en una estatua viéndolo, Genaro por primera vez vio esa estatua, las miro y ellas lo veían, el silencio lo invadió todo como el preámbulo de algo.
De nuevo metió la mano, tomo el arroz y lo aventó una vez más, cayó uno a uno como la lluvia, mientras el sonido se esparcía por todo el parque como gritando algo. Las palomas lo vieron de nuevo, Genaro quedo atónito se vieron por unos segundos, se miraron como diciendo que algo irremediablemente ya no estaba, había desaparecido, las palomas volaron.
Genaro quedo aturdido, un viento corrió, de alguna manera los 40 años se agolparon en ese momento se le dibujaron todas las arrugas, el pelo se le platino, las palomas con el aleteo le gritaban algo que comprendía y que había perdido desde hace 40 años, la rutina le había arrancado casi medio siglo.
Nunca pudo tomar la decisión, nunca se arriesgo. Las palomas decidieron lo que Genaro desde hace mucho tiempo evito. Algo rodo por su rostro y golpeo el piso dividiéndose en minúsculas partículas, Genaro se levanto y se marcho perdiéndose entre los pasillos del parque.
Las palomas ni el volvieron nunca más.
Emmanuel Santiago J.
El estaba sentado en la banca de un parque como desde hace 40 años lo hacía, Genaro desde hace 40 años rutinariamente llegaba a la misma banca, se sentaba con una bolsita de papel en sus manos.
Todo mundo sabía que él estaría en el mismo lugar, estaba en esa banca mientras el tiempo pasaba como las hojas de los arboles pasan levantadas por los vientos del invierno.
Genaro tomaba su bolsa de papel mientras metía su mano y la sacaba para aventar el arroz a las palomas, las cuales ya podía distinguir, este ritual de alguna manera lo hacía sentir vivo desde hace 40 años.
Pero ese día el se paro como lo hacía desde hace 40 años, fue a la tienda compro el arroz y se dirigió al parque, caminaba lento arrastrando ligeramente los pies, llego se sentó metió la mano en la bolsita lanzo el arroz, sonó en el piso, y nada sucedió, tardo en reaccionar, las palomas estaban inmóviles, en una estatua viéndolo, Genaro por primera vez vio esa estatua, las miro y ellas lo veían, el silencio lo invadió todo como el preámbulo de algo.
De nuevo metió la mano, tomo el arroz y lo aventó una vez más, cayó uno a uno como la lluvia, mientras el sonido se esparcía por todo el parque como gritando algo. Las palomas lo vieron de nuevo, Genaro quedo atónito se vieron por unos segundos, se miraron como diciendo que algo irremediablemente ya no estaba, había desaparecido, las palomas volaron.
Genaro quedo aturdido, un viento corrió, de alguna manera los 40 años se agolparon en ese momento se le dibujaron todas las arrugas, el pelo se le platino, las palomas con el aleteo le gritaban algo que comprendía y que había perdido desde hace 40 años, la rutina le había arrancado casi medio siglo.
Nunca pudo tomar la decisión, nunca se arriesgo. Las palomas decidieron lo que Genaro desde hace mucho tiempo evito. Algo rodo por su rostro y golpeo el piso dividiéndose en minúsculas partículas, Genaro se levanto y se marcho perdiéndose entre los pasillos del parque.
Las palomas ni el volvieron nunca más.
Emmanuel Santiago J.
martes, 3 de febrero de 2009
uno mas
Quizá
Emmanuel Santiago J.
Miraban al cielo en su rostro se veía la duda, sabían que había desaparecido y nunca más estaría de nuevo, el le dijo pero estaba ahí en ese lugar, siempre estuvo, ella lo volteo a ver yo no estoy tan segura que existiera.
Una estrella ya no estaba, el podía asegurar que sí, que casi existía desde hace de miles de años, ella no estaba segura que en ese lugar estuviera una estrella, pensaba quizá nunca fue la misma, quizá fueron miles de estrellas que pensaron era la misma.
Recuerda, el repetía recuerda estaba en ese hueco de allí, ella no veía ningún hueco, guardaron silencio vieron el espacio y todos los alfileres que pendían de aquel inmenso negro manto aterciopelado y disperso.
Ella lo miro le dijo quizá nunca vimos nada, quizá vimos el reflejo del algo que murió desde hace muchos años, eso son muchas estrellas tan solo el reflejo de algo que murió hace muchos siglos atrás.
El guardo silencio lo medito un instante y dijo tienes razón quizá solo vimos la luz de algo hermoso, algo que murió y viajo por distantes universos y lo pudimos ver nosotros y desapareció para no verlo nunca más.
Los dos guardaron silencio y caminaron por los lados de las vías del tren, por esas largas líneas que van lado a lado pero nunca se tocan.
Emmanuel Santiago J.
Miraban al cielo en su rostro se veía la duda, sabían que había desaparecido y nunca más estaría de nuevo, el le dijo pero estaba ahí en ese lugar, siempre estuvo, ella lo volteo a ver yo no estoy tan segura que existiera.
Una estrella ya no estaba, el podía asegurar que sí, que casi existía desde hace de miles de años, ella no estaba segura que en ese lugar estuviera una estrella, pensaba quizá nunca fue la misma, quizá fueron miles de estrellas que pensaron era la misma.
Recuerda, el repetía recuerda estaba en ese hueco de allí, ella no veía ningún hueco, guardaron silencio vieron el espacio y todos los alfileres que pendían de aquel inmenso negro manto aterciopelado y disperso.
Ella lo miro le dijo quizá nunca vimos nada, quizá vimos el reflejo del algo que murió desde hace muchos años, eso son muchas estrellas tan solo el reflejo de algo que murió hace muchos siglos atrás.
El guardo silencio lo medito un instante y dijo tienes razón quizá solo vimos la luz de algo hermoso, algo que murió y viajo por distantes universos y lo pudimos ver nosotros y desapareció para no verlo nunca más.
Los dos guardaron silencio y caminaron por los lados de las vías del tren, por esas largas líneas que van lado a lado pero nunca se tocan.
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